Todavía me acuerdo la primera vez que estuve descalzo sintiendo el piso frío mientras la que yo creía una desquiciada me decía que pensara con muchas ganas que era una especie de monstruo que caminaba por un espacio desconocido. Me acuerdo perfectamente que me sentía que no encajaba, que estaba haciendo el ridiculo y que no tenía sentido alguno las cosas que hacía.
Hoy en día después de 6 años de ese momento, no paro de pensar nisiquiera un solo día de lo mucho que me hace sentir bien esto. Tanto tanto que cuando digo que haría una especie de dramaturgia con mi vida no lo digo en chiste.
El teatro me ayudó en muchisimas ocaciones de mi vida. Es increible como puede hacerte volar por lugares que ni te imaginás en cuestión de segundos, o la forma en la que por dos, tres, cuatro o la cantidad de horas que necesites, tu persona física deja de ser tuya en su totalidad y sin darte cuenta te entregás a lo que el espacio y el tiempo quieran hacer con vos.
A veces siento que es mi única forma de canalizar las cosas que me pasan, o una forma de sacarme por un rato la mochila que tengo en la espalda. Me hace feliz, me hace sentir vivo, me llena de energía.
Nadie puede explicar lo que uno siente cuando entra al hall central de una sala de teatro y se va acercando poco a poco al escenario, se siente como un fuego que te empiza a crecer desde los pies y te llega hasta la cabeza de a poco y en donde nada más interesa.
No tengo sed de fama, no creo en el éxito como artista consagrado ni mucho menos, el éxito es mortal en todos sus aspectos y muchos artistas mueren con el. Pero, ¿Quién me quita a mí la posibilidad de jugar, de ser libre, de sentirme vivo? No veo al teatro como un objetivo al cual todos tenemos que llegar, en donde el último escalón es la consagración o el reconocimiento público. Muchos artistas mueren en el anonimáto, y mucha basura disfrazada de arte llega a lugares realmente altos.
Yo prefiero permanecer en este anonimáto por un rato largo, esto es una forma de vida, es algo que me complementa, que es parte de mi cuerpo de forma abstracta.
Arriba de un escenario sentí miles de cosas, reí, lloré, grité, me llené de alegria y hasta a veces de bronca e impotencia, tal y como sucede en la vida. Por eso esta forma de expresión es la vida para mí. Y no me interesa que la gente catalogue a los actores de vagos, drogadictos o sedientos de fama.
Por el arte se debe luchar, porque nosotros nacemos y morimos y simplemente estamos de paso. El arte sigue vigente y de los artistas depende.
No hace falta tener miles de seguidores, focos de luces, telones, camarines, ni una cantidad enorme de dinero empeñada en un espectaculo para ser un artista.
Artista es quien se siente vivo haciendo lo que hace, quien nace para crear arte y sentirse orgulloso de su producto.
Lo que distingue a un gran artista de un mediocre es, primero su sensibilidad, segundo su imaginación y tercero su aplicación.
Hoy en día después de 6 años de ese momento, no paro de pensar nisiquiera un solo día de lo mucho que me hace sentir bien esto. Tanto tanto que cuando digo que haría una especie de dramaturgia con mi vida no lo digo en chiste.
El teatro me ayudó en muchisimas ocaciones de mi vida. Es increible como puede hacerte volar por lugares que ni te imaginás en cuestión de segundos, o la forma en la que por dos, tres, cuatro o la cantidad de horas que necesites, tu persona física deja de ser tuya en su totalidad y sin darte cuenta te entregás a lo que el espacio y el tiempo quieran hacer con vos.
A veces siento que es mi única forma de canalizar las cosas que me pasan, o una forma de sacarme por un rato la mochila que tengo en la espalda. Me hace feliz, me hace sentir vivo, me llena de energía.
Nadie puede explicar lo que uno siente cuando entra al hall central de una sala de teatro y se va acercando poco a poco al escenario, se siente como un fuego que te empiza a crecer desde los pies y te llega hasta la cabeza de a poco y en donde nada más interesa.
No tengo sed de fama, no creo en el éxito como artista consagrado ni mucho menos, el éxito es mortal en todos sus aspectos y muchos artistas mueren con el. Pero, ¿Quién me quita a mí la posibilidad de jugar, de ser libre, de sentirme vivo? No veo al teatro como un objetivo al cual todos tenemos que llegar, en donde el último escalón es la consagración o el reconocimiento público. Muchos artistas mueren en el anonimáto, y mucha basura disfrazada de arte llega a lugares realmente altos.
Yo prefiero permanecer en este anonimáto por un rato largo, esto es una forma de vida, es algo que me complementa, que es parte de mi cuerpo de forma abstracta.
Arriba de un escenario sentí miles de cosas, reí, lloré, grité, me llené de alegria y hasta a veces de bronca e impotencia, tal y como sucede en la vida. Por eso esta forma de expresión es la vida para mí. Y no me interesa que la gente catalogue a los actores de vagos, drogadictos o sedientos de fama.
Por el arte se debe luchar, porque nosotros nacemos y morimos y simplemente estamos de paso. El arte sigue vigente y de los artistas depende.
No hace falta tener miles de seguidores, focos de luces, telones, camarines, ni una cantidad enorme de dinero empeñada en un espectaculo para ser un artista.
Artista es quien se siente vivo haciendo lo que hace, quien nace para crear arte y sentirse orgulloso de su producto.
Lo que distingue a un gran artista de un mediocre es, primero su sensibilidad, segundo su imaginación y tercero su aplicación.
